Mi paso por la final anual de Relatos en Cadena 2016/2017

Eran las seis y nueve minutos (las cinco y nueve en Canarias). El estudio se llenó de aroma a marea, se espumó la tarde. Los que allí, formando un semicírculo, estábamos sentados frente a muchos micrófonos, acabábamos de asomarnos al otro lado de la ventana,  para descubrir (algunos), y confirmar (otros) lo bien que sientan las tardes de julio en la terraza de la Ser.

Cargados de expectativas, motivaciones, nervios, aún conservábamos el lápiz con que habíamos conseguido llegar hasta allí. Pero llegado el momento, nos temblaba un poco entre los dedos.

Francino nos invitaba, con su cercanía, a dejar los nervios a un lado y disfrutar. Y a hablar de oposiciones, de morriñas, de churros, de blue holes, de televisión infantil, de bicicletas ligeras, de sueños en Nueva Zelanda, de ciencia ficción, de Trump y de guardias llenas de letras (o tal vez de letras en guardia).

Hablábamos de todo eso y con nuestros gestos, hablábamos de lo que callábamos. Con la boca salada y una pelea de gatos en la barriga, soltábamos unicornios y dragones que nos permitieran soñar un ratito más.

Escuchar nuestros cuentos, las valoraciones del jurado, compartir la complicidad de un espacio donde todos los engranajes encajan a la perfección y que a la vez da lugar a la incertidumbre de un retraso inesperado, a la expectativa de no saber qué pasará dentro de cinco minutos.

Por fin llegó el momento de activar el campo de curvatura cuántico, de asomarnos a la escotilla para ver amanecer. Los nombres de Xanti y Martina (tercer y segundo clasificados) nos arrancaron aplausos nerviosos. Y luego, Ernesto, con el micrófono en la mano y su emoción en los ojos, en la cara, en la voz, nos conmovió a todos.

Intentamos llorar. No nos salía. Hacía rato que no nos salía. Intentamos poner la mayor cara de enfado que sabíamos, pero era inútil. El premio estaba en las manos que más se lo merecían.

Los que tendremos la oportunidad de seguir intentándolo, cogimos la decepción con nuestras propias manos y la partimos en dos. Y abrazamos a Ernesto compartiendo su alegría, y nos abrazamos todos, porque queríamos alargar la tarde un poco más.

Nos despedimos entre el bullicio de la Gran Vía, aferrándonos a una última cerveza compartida. Con las ganas intactas, y con una idea que creo, rondaba todas las cabezas. En septiembre, cuando la XI edición de REC se ponga en marcha, será hora de Volver a empezar.

 

Perdón Ruth, Ricardo, Pepe, Anaís, Martina, Belén, Xanti, Ernesto y Salvador por haberme adueñado de vuestras frases y por haberos incluido en esta visión personal de lo compartido en los estudios de la Ser. Ha sido un día mágico y os debo gran parte de ello.

Hasta la próxima, compañeros. Hasta pronto, REC.

El audio de este momento tan especial Aquí

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2 thoughts on “Mi paso por la final anual de Relatos en Cadena 2016/2017”

  1. Vir dice:

    Qué bonito Patricia perseguir tus sueños

    1. pcollazo dice:

      ¡¡Gracias, Virginia!!

Tus comentarios ayudarán a muchas palabras a ponerse de pie

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