Noche de reyes

Estudiado hasta el cansancio, el plan no podía fracasar. Esta vez, al menos tendrían que dejarnos carbón. O darnos una explicación.

Organizamos turnos de guardia entre Laura, los mellizos y yo.

Me tocó el segundo. Recibí el testigo sin novedad. Los zapatos seguían vacíos.

A las seis desperté a los mellizos. Somnolientos se sentaron en el pasillo temblando de frío. Agotado, me fui a dormir.

Cuando papá llegó ebrio, como casi cada noche, los encontró allí y pagó con ellos que mamá no estuviera esperándolo. Los mellizos acabaron en urgencias.

Fue así como supimos que los reyes eran los padres.

Tus comentarios ayudarán a muchas palabras a ponerse de pie

A %d blogueros les gusta esto: