Mudanza

El día en que los peces se escaparon del mar, la gente salió a las calles a observarlos. El cielo se colmó de alas batientes, colores imposibles. Las escamas mudadas en tornasolados plumajes dejaron boquiabiertos a los transeúntes. Al atardecer, sus cuellos estaban rígidos de tanto mirar hacia arriba y les era imposible replegar los brazos extendidos señalando el firmamento.

Nadie se preguntaba por qué pasaba todo aquello, o todos lo hacían a la vez. Lo supieron a la mañana siguiente cuando, sus epidermis aparecieron cubiertas de escamas. Y sin branquias ni entrenamiento previo, amanecieron sumergidos en agua salada.

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