La vida es una fiesta

Al primo Toño lo enterramos cada septiembre. Venimos haciéndolo desde que, en el 96, cogió su primera borrachera de verano (dicho esto literalmente, ya que le duró toda la estación). Durante el velatorio, María, la de la Jacinta, llora a moco tendido.  Nosotros nos palmeamos las espaldas, nos decimos cuánto le echaremos de menos y soltamos alguna lagrimita para que tía Eulalia se emocione. Por las dudas, deslizamos unas cuantas botellas de ginebra dentro del ataúd.

A finales de junio resucita. Siempre a las puertas del bar del pueblo. Donde María y toda la pandilla lo estamos esperando. Lo recibimos con los brazos abiertos e ipso facto brindamos a su salud, inaugurando oficialmente la temporada de fiestas de verano.

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