Estaciones

Pensaron que era uno de esos amores de verano.  De los que nacen con los pies llenos de arena y salpican agua salada al andar. De esos que miran las estrellas antes de dormirse con los oídos llenos de mar. De esos que resbalan  burbujeantes y efímeros por la garganta.

Sin embargo, el otoño no supo comprarle un pasaje de vuelta y se quedó. Aprendió a  patear  hojas secas y a chapotear lluvias caídas, lágrimas no lloradas.

Algunos inviernos lo encontraban acurrucado ante una taza de chocolate caliente y tardes de siestas a dúo en el sofá.  En cambio, otros lo hallaban cansado de navidades y obligaciones, a punto de traicionarse y desaparecer.

Las primaveras siempre tenían la virtud de devolverle el aire y llenarlo de  aromas inesperados, de excusas inexactas para volver a empezar.

Pensaron que era uno de esos amores de verano. Sin embargo, llegado el último otoño, se les antojó demasiado corto.  Como se habían prometido, entrelazaron las manos arrugadas que seguían acoplándose a la perfección, bebieron del  mismo vaso y para no ser testigos de cualquier otro final, se dejaron, juntos, morir.

One thought on “Estaciones”

  1. Félix dice:

    Te felicito amiga. Eres una escritora consolidada, besos.

Tus comentarios ayudarán a muchas palabras a ponerse de pie

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