Ecología pura

En el verano, a la hora de la siesta, mamá nos mandaba al río a hacer pis. ¡No se os ocurra bañaros!, advertía. ¡Ni regresar antes de las cinco!, agregaba siempre cuando estábamos en la carretera de tierra ya.

¿Para qué teníamos que orinar en el río? Pues porque nuestro pis lo mantenía descontaminado. Eso nos decía.

Manolito, de la casa vecina, también venía a hacer pis al río con nosotros. Pero él decía que lo hacía para fastidiar a su padre, que lo mandaba a bañarse y le prohibía hacer pis en sus aguas para no contaminar.

Eso sí, él tampoco podía regresar antes de las cinco.

Entre sumisos y rebeldes amarilleábamos las aguas cristalinas y competíamos apuntando a algún blanco móvil.

Recuerdo que mamá nos recibía canturreando feliz, cuando se hacía la hora, y volvíamos a merendar.

Tus comentarios ayudarán a muchas palabras a ponerse de pie

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